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Metiendo chongo desde 1432 (año islámico)

5 increíbles experimentos psicológicos que prueban que no tienes libre albedrío

 

Por: David Bowman | 14 de Diciembre de 2011 |  vistas

Pocas cosas son tan despreciables como las dictaduras y los abusos y corrupción que estas conllevan. Por esto la psicología ha explorado los lugares más recónditos de nuestra mente para concluir que bajo las circunstancias adecuadas tu también podrías estar “reubicando” opositores del gobierno.

 

5. El Experimento de Conformidad de Asch (Solomon Asch – 1950)

En este experimento un participante era ubicado junto a 5-7 personas que habían sido informadas previamente sobre qué trataba todo esto. A los “participantes” se les pedía que compararan el largo de varias líneas de diferente longitud, pero se les había previamente indicado que dieran respuestas claramente erradas. Uno supondría que al llegar al participante real este daría la respuesta correcta… Pero no, hasta un 80% de los sujetos también dieron respuestas equivocadas, y no es el caso que simplemente fueran idiotas: al ser informados del experimento la mayoría confesó que había dado la respuesta equivocada solo por seguir al grupo.

 

¡Me fregué! No hay opción N.A.

¿Te has dado cuenta cómo en época electoral nunca faltan quienes te preguntan por quién vas a votar, e incluso tienes amigos que te dicen “En mi familia todos votan por Sr. Corrupto” o “En mi trabajo mi jefe nos ha dicho que votemos por Sr. Ladrón” o “Soy un orate, traigan a un Hohenzollern e instauren la monarquía”? Si no es así, qué suerte tienes de no tener a mis amigos chiflados. De cualquier modo, el punto es que vamos a buscar siempre adaptarnos al grupo así esto implique votar por Alex Gonzales.

 

Y su helicóptero

 

4. La Tercera Ola (Ron Jones – 1967)

Este no fue exactamente un experimento psicológico pero los acontecimientos ocurridos merecen su inclusión en esta lista. Con la finalidad de enseñar a sus alumnos de secundaria sobre el accionar de la población alemana durante la Segunda Guerra Mundial, el profesor de historia Ron Jones inició un movimiento llamado La Tercera Ola entre los estudiantes.

El primer día se les exigió mayor disciplina y orden, cosas como sentarse correctamente, hacer preguntas en clase usando solo tres palabras y dirigirse al profesor como Sr. Jones. Al día siguiente se instituyó un saludo similar al saludo nazi para ser usado por los miembros y para el tercer día el movimiento había pasado de los 30 alumnos de la clase original a 200, por lo cual se emitieron tarjetas de membresía con la orden de mantener fuera de las reuniones a los no miembros; asimismo se observó una gran mejora académica entre los alumnos. Para el final del día Jones se sorprendió cuando algunos miembros se acercaron a denunciar a sus compañeros que no cumplían las normas del movimiento. Suponemos que en este momento Jones se dijo “¿Qué carajo he hecho?” y dio por terminado el movimiento explicando a sus alumnos que habían sido parte de un experimento sobre fascismo.

 

Primera vez en la historia que un profesor reniega de alumnos soplones

Lo bueno es que ahora sabes que cuando estabas en la escuela y murmurabas más que cantabas el himno nacional, no hacías bien la posición de “atención” en la formación y en general tus notas tendían más hacia el espectro del rojo que el azul, en realidad era tu forma de protestar contra el sistema opresivo y autoritario llamado mamá y papá que te obligaba a ir todos los días a esa fábrica de bostezos que era el colegio.

 

¡Fuerza hermano contestatario!

 

3. El Experimento de la Cárcel de Stanford (Philip Zimbardo – 1971)

En este experimento el profesor Philip Zimbardo de la Universidad de Stanford formó un equipo para simular las condiciones de una prisión. Para este fin se eligió a un grupo de estudiantes que harían de guardias y otro de prisioneros, con Zimbardo como el superintendente de la cárcel que fue ubicada en el sótano del edificio de psicología. Zimbardo instruyó a los “guardias” en que debían hacer sentir a los “prisioneros” miedo, falta de privacidad así como quitarles su sentido de individualidad.

Y hasta acá llega la parte “normal” del experimento, ya que para el segundo día ya se había dado el primer motín en la cárcel. Hubo barricadas en las celdas, y la represión por parte de los guardias incluyó el impedir que los prisioneros pudieran orinar o defecar, exhibiéndolos desnudos como humillación u obligándoles a dormir en el suelo de concreto. Tengan en cuenta que los guardias eran estudiantes seleccionados por ser los más estables mentalmente. El cuarto día se organizó un escape infructuoso por parte de los prisioneros… lo cual es muy raro si tomamos en cuenta que este era un experimento por el cual recibían un sueldo y era suficiente con decir “Basta, quiero ir al baño, renuncio”. Finalmente la prometida de Zimbardo le hizo entrar en razón y terminar el experimento al sexto día... de catorce originalmente planificados.

 

No es Guantánamo, es Stanford

Los participantes internalizaron a tal punto sus roles que usaron el poder en sus manos de manera abusiva. ¿Por qué tenemos un congreso lleno de corruptos y un Poder Judicial donde gana el que pone la coima más grande? Es porque tienen el poder y si tú tuvieras esa autoridad probablemente harías lo mismo.

 

Gracias a sus descubrimientos Zimbardo se volvió asesor del Lado Oscuro
 
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