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Los 5 diplomáticos más épicos (y trágicos) de la historia

 

Por: Byron McSutton | 4 de enero de 2012 |  vistas

 

Cuando uno piensa en tipos épicos, los diplomáticos no suelen saltar a la mente. Es más, ya que pueden parecer oficinistas en trajes costosos y dedicados a la buena vida, cuyo trabajo consiste precisamente en evitar la guerra o ponerle fin una vez empezada, habría quienes dirían que suenan a precisamente la antítesis de lo épico. En cualquier caso, no parecen ser un gremio entre los cuales uno podría encontrar gente merecedora del premio kemados a las bolas de acero. Pero como veremos a continuación, la epicidad aparece en todas partes. En este ránking enumeramos a varios diplomáticos que en las circunstancias más inimaginables reaccionaron con un colectivo “a la mierda” e hicieron lo que la conciencia les indicaba. Y como ninguna buena acción puede evitar su correspondiente castigo, veremos también las trágicas consecuencias que tuvieron que enfrentar.

 

#5. Luis Martins de Souza Dantas

Como embajador de Brasil en Francia, de Souza estuvo presente durante la caída de Francia ante los nazis, y pasó a representar a su gobierno ante la Francia de Vichy. Al enterarse del destino que les esperaba a los judíos y otras personas declaradas “indeseables” por el régimen nazi, decidió que tenía un deber cristiano de emitirles visas, ya que de otra manera pasarían a ser víctimas. Las emitió de manera irregular, pasando por alto varios de los requisitos oficiales, además de ser poco común que el embajador mismo fuera quien atendiera el trámite. Además cabe recordar que el recibimiento de judíos y refugiados estaba en contra de la política general de Brasil, y el embajador eventualmente recibió una prohibición explícita de seguir emitiendo visas. Como recurso para poder sacarle la vuelta a la orden, de Souza les puso fechas falsas, como para que pareciera que fueron dadas antes de la prohibición. Además omitió deliberadamente el dato del origen judío de los refugiados, ya que de otra manera no serían admitidos en Brasil.

 

 Algo como "Visa para un sueño" de Juan Luis Guerra, solo que el sueño se limitaba a no morir.

 Se estima que su campaña de visas les salvó la vida a unas 800 personas, entre ellas 475 judíos.

¿Y su premio?

Eventualmente sus superiores se enteraron de sus actos y se le ordenó que regresara a Brasil, donde fue sometido a proceso disciplinario. Se le encontró culpable de haber violado la política brasileña contra la inmigración judía, pero al estar técnicamente retirado no fue castigado.

Coeficiente de tragedia: 3/10. Definitivamente sufrir la indignidad de ser sometido a un juicio por actuar con decencia humana, especialmente tras haber llegado al rango de embajador, es algo infortunado. El coeficiente puede parecer un tanto bajo, pero en comparación con lo que se viene, comprenderán por qué. En medio de todo, después de la guerra Luis Martín de Souza fue rehabilitado y siguió representando a Brasil en el extranjero.

 

 Y por lo menos le hicieron una estampilla...

 

#4. Hiram Bingham IV

 

Para algunos latinoamericanos, la primera imagen que se les vendría a la mente tras leer “Hiram Bingham” sería “¡Machu Picchu!”. Sin embargo, no estamos acá tratando de Hiram Bingham III, sino de su hijo, Hiram Bingham IV, como Rambo IV.

Junio de 1940 definitivamente era un mal momento para ser judío o enemigo del Tercer Reich y vivir en Francia, ya que como hemos mencionado antes, en ese momento la Wehrmacht estaba arrollando a las desmoralizadas fuerzas francesas. Muchos de estas potenciales víctimas huyeron hacia el puerto meridional de Marsella y buscaron auxilio en el consulado estadounidense dirigido por Hiram Bingham IV. Ahora, ya que todos sabemos los estadounidenses son los buenos y son enemigos de la injusticia y genocidio, Bingham recibió órdenes de darles visa a todos, con lo cual pudieron huir al hemisferio occidental y vivir todos felices.

No exactamente. Bingham recibió instrucciones del Departamento de Estado de no solo no prestarle auxilio alguno a los refugiados, sino de ponerles todos los obstáculos posibles para que no pudieran entrar a EEUU. Hiram Bingham IV, descendiente de Hiram Bingham y Hiram Bingham Jr. misioneros cristianos en Oceanía y de Hiram Bingham III, senador y descubridor de Machu Picchu, tuvo una grave decisión que tomar. El resultado fue que básicamente mandó a la porra a sus superiores y empezó a prestar asistencia a personajes de la talla de Hanna Arendt, Marc Chagall y Lion Feuchtwanger para que pudieran huir de una muerte segura a manos de los nazis. No le bastaba con rescatar a los notables, y a lo largo de un año de peligroso trabajo emitió visas que les salvaron la vida a unos 2500 judíos.

 

Y así nos imaginamos la película 

¿Y su premio?

Si bien Hiram Bingham IV siguió en la carrera por algunos años más y fue enviado a un par de destinos más, como recompensa por haber salvado tantas vidas, su carrera básicamente fue puesta en la congeladora. Le hicieron saber que por su insubordinación ya no ascendería nunca más, tras lo cual decidió renunciar al servicio diplomático y se dedicó a la vida privada. Lastimosamente, su camino al rango de embajador se cruzó con algo muy molesto conocido como decencia humana.

Coeficiente de tragedia: 5/10. Si bien sacrificó su carrera por salvar a miles de judíos, Hiram Bingham IV era uno de los herederos de la muy sustanciosa fortuna de la joyería Tiffany’s y miembro de una familia muy respetada en Estados Unidos. Pudo vivir el resto de su vida de manera cómoda y rodeado de amigos y parientes. Y créanme, no llegar a embajador es una de las cosas menos trágicas en esta lista.

 

Esto de las estampillas parece ser una moda... 

 

#3. Chiune Sugihara

 

Este diplomático japonés había sido enviado a la –por el momento– independiente república de Lituania a ejercer el cargo de vice-cónsul poco antes del inicio de la 2ª guerra mundial. La situación de los judíos en la región se vería prontamente amenazada desde dos frentes. Desde occidente, los alemanes invadieron Polonia en 1939, con los eventuales resultados que todos conocemos. Ante ese peligro, muchos judíos de dicho país tuvieron que buscar refugio en Lituania. Para empeorar las cosas, los soviéticos ocuparon Lituania en 1940 e hicieron mucho más difícil que cualquiera pudiera abandonar la zona (incluidos los judíos).

En medio de un contexto internacional en que, como hemos visto, básicamente ningún país quería aceptar refugiados judíos, Chiune Sugihara tuvo que lidiar con una manchota de estos, que le rogaban que les diera visas de tránsito por Japón para poder ir a su destino final: Curaçao. Sugihara, funcionario concienzudo, escribió a Tokio para pedir permiso para proceder. La respuesta que recibió fue negativa: los judíos debían ser dejados a su suerte.

Basándose en un antiguo dicho samurái “ni siquiera un cazador puede matar a un pajarillo que vuela a él buscando refugio” Chiune Sugihara, así como Bingham y de Souza, mandó a sus superiores a la porra, y empezó a fabricar visas de manera semi industrial durante un mes de furibundo trabajo que a veces llegaba a las 20 horas diarias. Tanta flexibilidad mostró Sugihara, que muchas de estas visas incluso estaban estampadas sobre cualquier papel suelto (ya que muchos habían perdido sus documentos al huir de Polonia). Cuando esto empezó a irritar a las autoridades soviéticas, ordenaron que el consulado se cerrara. Esto no bastó para detener a Sugihara, quien siguió expidiendo visas desde su casa e incluso desde la estación del tren. Al partir su tren, arrojó desde las ventanas todas las visas incompletas que le quedaban, para que quien las recogiera pudiera completar sus datos y huir de los nazis. Sus últimas palabras a los judíos de Lituania fueron “Por favor perdónenme. No puedo escribir más. Les deseo lo mejor.”

 

 Lo peor es que hasta esto tendría más sentido que la de Tom Cruise...

Se estima que en ese mes de trabajo les salvó la vida a unos 10,000 judíos.

¿Y su premio?

Como recompensa por su arduo trabajo en salvarle la vida a tanta gente, Chiune Sugihara fue dado de baja del cuerpo diplomático japonés en cuanto acabó la guerra. Tuvo que abandonar sus sueños de ser un diplomático exitoso y glamoroso por una vida de vendedor ambulante de focos. Finalmente obtuvo empleo en una compañía japonesa en Rusia, alejado de su familia, y pasó el resto de su vida entre la soledad y carestía material.

Coeficiente de tragedia: 7/10. No solo perdió su fuente principal de ingresos, su pobreza postguerra fue tal que tuvo que ver impotente cómo su menor hijo moría por falta de recursos después de la guerra. Recién fue rehabilitado por el gobierno de Japón en 2006, veinte años después de su muerte, y más de sesenta años después de que supiera con seguridad lo que les esperaba a los judíos que salvó. Hijos de puta.

 

 Pero por lo menos le hicieron un monumento.

 

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